Esta semana Trump viaja a China. Su gran plan consistía en hacerse con Venezuela, Irán y su petróleo antes de presionar a China, mediante aranceles y restricciones energéticas, para que cediera ante la hegemonía estadounidense. Ese plan ha fracasado. Trump llega a Pekín con el rabo entre las piernas. Como de costumbre, intentará hacer alarde de su «victoria». Actuará como si Estados Unidos estuviera en una posición privilegiada. Los chinos serán educados, pero no le harán caso.
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