En 1988 los Guns N' Roses buscaban la destrucción, pero los Metallica buscaban justicia. Estaban dolidos y cabreados. Habían perdido a su bajista más icónico y necesario. El que sabía de música, armonías y melodías, pero lo habían perdido una noche maldita de 1986 cuando iban en un autobús camino de Copenhague. Eso afectó mucho a la banda y se plasmó en su cuarto disco. Metallica los había matado a todos en 1983, pero ahora lo que querían era justicia para todos. Quizás, lo que necesitaban era justicia para Cliff...
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