“El muro pasará justo por aquí, ¿ves?”, Mohammad Masaeed, 46 años, me muestra un mapa en su móvil: una línea roja atraviesa pueblos, terrenos y carreteras. Señala dos techos blancos que se ven en la fotografía, divididos por la nueva barrera que Israel acaba de empezar a construir. “Esta es mi casa; aquella, la casa de mi vecino”. Enciende un cigarrillo. Ambas familias han recibido dos órdenes de demolición en los últimos meses: “Uno de los oficiales israelíes me dijo: 'esta es la tierra de Israel'. Tengo ocho hijos, le pregunté a dónde se supo