Alguien liberó ilegalmente 18 castores europeos procedentes de Baviera en la cuenca del Ebro. Durante siglos, la especie había desaparecido de la península ibérica, con los últimos registros fiables datados en el siglo II a. C. El hallazgo de árboles talados y madrigueras en 2005 alertó a los biólogos, que confirmaron la presencia de estos animales. Desde entonces, los castores han colonizado nuevos tramos fluviales y ya han llegado a Cataluña, generando debate sobre su impacto ecológico y la gestión de especies introducidas.