En el siglo XXI, la derecha radical se mueve como un virus: silenciosa, adaptable, distribuida. Se apropia de símbolos, de temas como el ecologismo, el veganismo o el esoterismo y los reorganiza para justificar una visión del mundo que siempre desemboca en lo mismo: jerarquía, pureza, violencia y elitismo. Este texto intenta exponer algunos de los detalles de esa transformación, seguir el hilo que une el fascismo clásico con sus descendientes contemporáneos, desde las sectas esotéricas y los movimientos identitarios hasta las redes aceleracion