Marcos había pasado veinte años cavando zanjas para la misma empresa constructora. Era el mejor de los suyos: puntual, resistente, silencioso. Cada diciembre, el capataz le entregaba su reconocimiento con una palmada en el hombro y una herramienta nueva, reluciente, más pesada que la anterior. Marcos la recibía con una sonrisa que ya no le llegaba a los ojos. Fue en uno de esos diciembres cuando conoció a Valentina. Ella no andaba buscando nada cuando lo encontró. Tenía su propio negocio, su propio apartamento, su propio …