Encontré en el armario de mi tío Pepe un abrigo negro de cuero. Largo. Con grandes solapas. En los cincuenta, le llamaban el alemán por ponérselo. O el nazi. En los sesenta le llamaban muerto de hambre, por seguír poniéndoselo. A finales de los setenta y proincipios de los ochenta, le llamaban Darth Vader. En los ochenta se lo ponía su hija, y llamaban vampiresa. Le quedaba mejor que al tío, porque ella era mucho más alta, todo hay que decirlo, y medio pelirroja. En los dos mil, se lo puso el nieto …
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