El 4 de febrero de 1993, un punto de luz brilló sobre Europa, desde el sur de Francia hasta el oeste de Rusia. El Centro de Control de la Misión se alegró: el primer experimento de iluminación artificial de la Tierra, llamado “Znamia”, había sido un éxito. Con la ayuda de una vela de luz desplegada a bordo de la nave espacial “Progress M-15”, fue posible reflejar la luz solar e iluminar el lado nocturno de nuestro planeta.