«Sé tú mismo/a». La frase, repetida hasta el agotamiento en múltiples ámbitos, parece el colofón luminoso de varios siglos de lucha por la emancipación individual. Sin embargo, pensado un poco a mala hostia, la consigna tiene algo de mandato paradójico: sé auténtico, pero hazlo dentro de un repertorio muy concreto de poses, ideas y opiniones algoritmizadas. Hoy «ser uno mismo» suele significar consumir como los demás, indignarse por los mismos asuntos, vestir con el mismo descuido estudiado y documentar con el mismo lenguaje visual las...