El emperador germánico Conrado II se empeñó en afirmar su autoridad sobre un reino de Italia que se le mostraba díscolo. Hacia allí se encaminó en el 1036 con sus huestes y promulgó en el 1037 su política Constitución de Feudos, en un tiempo que la historiografía reciente ha considerado crucial para la forja del feudalismo: el de la llamada mutación feudal. En una tierra en disputa, Conrado II quiso granjearse el favor de caballeros y ciudadanos frente a los grandes magnates, los mayores poseedores de dominios.
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