Pasados quinientos o trescientos años, las aves exóticas que decoran el camarín del santuario de Nuestra Señora de Bendueños, en Lena, o la monstruosa cabeza con trompa de San Salvador de Cibuyo, en Cangas del Narcea, puede que ya no impresionen de la forma que lo hubieran hecho entonces a parroquianos y visitantes, pero la decoración mural de las iglesias de Asturias sigue siendo impresionante y regalando sorpresas.