Manuel Burque descubrió que la señora llevaba una pequeña esvástica tatuada en la muñeca: "Era una vieja nazi. Y dirás claro, cómo no va a haber una vieja nazi. Hace unos años eran nazis normales, y ahora son nazis viejos. Entonces yo pensé que tal vez le dolía el brazo por eso mismo. Luego pensé que a lo mejor era una vieja rebeldía y que ya lo había superado, así que decidí confiar en que la señora ya había cambiado".