Siervo azul o siervo rojo, lo importante es que cumpla mis órdenes: el neofeudalismo multicolor

Una excelente forma de conocer por dónde irán los pasos de un determinado agente político o incluso de un Estado, es leer las justificaciones preventivas que sus propagandistas realizan en los días previos a la decisión que tomará, sobre todo si es una decisión humillante para él. Cuando Israel empezó a atacar a Hizbolá en serio, yo leía diariamente los tweets de Elijah Magnier, uno de los periodistas que más fielmente sirven a los intereses de Irán y sus proxys. Me bastó leer unos cuantos textos donde sostenía que lo sensato por parte de Hizbolá era dejarse machacar sin oponer resistencia, para saber que la organización había aceptado convertirse en el puching ball de los genocidas sionistas, y que, sabedora de lo indigno e injustificable de tal postura, estaba usando sus terminales mediáticas para intentar que sus simpatizantes tragasen con la nueva estrategia y salvar la cara en la medida de lo posible.

Estos días he escuchado a Juan Carlos Monedero en varias entrevistas diciendo que Venezuela debe ser responsable y someterse a los dictados de Trump, porque la alternativa es que éste bombardee Petare y mate 20.000 civiles. Sabedor de lo bochornoso de este vasallaje, Monedero afirmaba que "EEUU quiere asesinar a miles de venezolanos y no debemos ponérselo fácil". No, Juan Carlos. EEUU no quiere asesinar a venezolanos, de hecho le resultaría muy molesto y un claro contratiempo en su estrategia, y no porque valore su vida, sino porque también pueden morir soldados yankis en el proceso y eso hundiría electoralmente a Trump. Muy al contrario, EEUU sólo quiere un vasallo en Miraflores, con el menor esfuerzo y coste posibles. Y la rendición de las élites chavistas que Monedero intenta justificar con ese discurso es el camino más corto a ese objetivo.

Lo verdaderamente abracadabrante de la nueva estrategia trumpista no es el neofeudalismo que promueve (reyezuelos locales en las colonias del Imperio que pueden gobernar con cierta libertad siempre que obedezcan al milímetro las órdenes del emperador). La extraordinaria novedad de la estrategia de Trump está en que acepta reyezuelos "rojos" si su obediencia es ciega. El clásico tirano de extrema derecha solamente toleraría caciques de su ideología, pero Trump ha optado por un utilitarismo que deja cualquier cuestión moral (incluida la moral ultraconservadora) al margen y se guía tan sólo por las probabilidades de éxito que le ofrece cada candidato a mamporrero del imperio.

Si Delcy, que controla todo el aparato del Estado venezolano, desde la policía el ejército, puede ofrecerle un 80% de probabilidades de éxito en el proceso degradación de Venezuela a colonia imperial, y Corina sólo un 30%, Delcy se queda y Corina se va al carajo. Y Delcy tendrá permiso imperial para gritar "socialismo o muerte". Y para colocar fotos de Chávez e incluso del Che en cada calle de Caracas. Y para detener a todos los opositores políticos que desee. Y para robar, enchufar familiares y aprovecharse en beneficio propio de las estructuras del Estado. E incluso para no convocar elecciones, porque si demuestra ser una buena vasalla, un proceso electoral podría derivar en graves contratiempos si el pueblo elige a otro presidente. Eso sí, Delcy tendrá que regalar el petróleo venezolano, permitir bases militares yankis en su territorio y cumplir cualquier capricho del emperador. Es el requisito inexcusable para que Venezuela "siga siendo chavista".

Dos de los tres puntos fuertes del neoimperialismo yanki son viejos conocidos: la potencia militar norteamericana y el terror que genera a sus víctimas. Pero Trump ha traído uno nuevo que le fortalece aún más: la total y absoluta falta de valores morales que le caracterizan, incluidos los que siempre fueron propios de los ultraconservadores. Trump no tiene Dios, ni dogmas ideológicos, ni axiomas morales. Sólo un ansia infinita de dinero y poder. En este marco, y como sus antecesores, puede torturar, asesinar o secuestrar, puede cometer auténticos genocidios. Pero también puede hacer algo más que es absolutamente novedoso y demuestra hasta qué punto sus planes carecen de cualquier límite ético: puede escoger marionetas de tela roja si le son más útiles que las azules. De ahí a invadir militarmente territorio europeo sólo hay un pequeño paso. Es más, para la ultraderecha norteamericana resulta más infumable lo primero que lo segundo...y Trump ya lo ha hecho.