Hasta aquí hemos hablado de copyright porque es la palabra mágica que todo el mundo invoca cuando se alarman por el supuesto daño que hace la inteligencia artificial a los autores —o mejor dicho, a los content creators, como dice Matthew Prince. Pero hay que poner las cosas en su sitio para poder negar la mayor: la IA no hace copias de obras. La IA aprende, agrega, sintetiza. No hace un “copiar y pegar” del contenido original, sino que recibe información diversa y la usa para conversar con nosotros, los humanos.