Físico e informático. He dedicado los últimos años a investigar cómo la historia, la filosofía y la ciencia han moldeado nuestra forma de sentir. Autor del libro 'Historia de las Emociones'.
Qué razón tiene la doctora Borrás. A veces nos obsesionamos con la 'mecánica' del cuerpo (la dieta, el ejercicio) y olvidamos que el mejor lubricante para nuestros engranajes es el buen humor y el vínculo social.
Al final, envejecer no es solo un proceso biológico, es también una construcción emocional. La soledad oxida más que el tiempo, mientras que una buena carcajada con amigos es, probablemente, el mejor 'fármaco' senolítico que tenemos a mano y sin receta. Como bien dice el artículo, ahora es cuando toca disfrutar de lo que el trabajo nos robaba: el tiempo para ser, simplemente, humanos.
Las emociones positivas no son solo un estado de ánimo; son pura química que reduce el cortisol y fortalece el sistema inmune. La soledad y el aislamiento oxidan más que el paso de los años, mientras que una buena carcajada con amigos es el mejor 'fármaco' senolítico que existe, y además sin receta. Como bien dice el artículo, ahora es el momento de dedicarle a la alegría el tiempo que el trabajo nos robaba. ¡A pisar el freno del envejecimiento con optimismo!"
Me parece que este debate llega tarde pero es imprescindible. El problema no es la herramienta, sino la arquitectura del estímulo. Estamos entregando dispositivos diseñados bajo principios de ingeniería de persuasión (gratificación inmediata, bucles de dopamina) a cerebros que fisiológicamente no han completado su desarrollo de la corteza prefrontal.
Históricamente, las emociones eran reguladas por el entorno social y la cultura; hoy, hemos delegado esa regulación en algoritmos de caja negra. El 53% de menores con ansiedad al limitarles el móvil no es una falta de voluntad, es la respuesta lógica de un sistema nervioso 'hackeado' por una tecnología que explota nuestras vulnerabilidades más primitivas. No se puede pedir un uso responsable de algo diseñado para ser adictivo.
Pero el problema real no es la herramienta, sino la ingeniería de la persuasión. Estamos entregando dispositivos diseñados para hackear el sistema de recompensa del cerebro a personas que aún no han completado su desarrollo neurológico.
No es falta de voluntad de los menores; es una respuesta lógica de un sistema nervioso frente a un diseño que explota vulnerabilidades primitivas. No se puede pedir un 'uso responsable' de un producto que, por definición técnica, busca ser adictivo.
Excelente explicación. Como físico, me gusta recalcar lo contraintuitivo que resulta para mucha gente el enfriamiento adiabático. Solemos asociar 'calor' a 'proximidad a la fuente' (el Sol), pero olvidamos que la atmósfera no es un radiador, sino un fluido sujeto a leyes termodinámicas.
La clave está en ese trabajo que realiza el gas al expandirse: esa pérdida de energía interna es la que realmente nos 'congela' al subir. Es un recordatorio de que vivimos en el fondo de un océano de aire y que nuestra sensibilidad térmica está totalmente supeditada a la presión. Por cierto, este mismo principio es el que hace que el aire salga frío de un spray o que funcione vuestro frigorífico. ¡Gran artículo para los chavales (y no tan chavales)
Más allá de la indignación que provocan los hechos, lo verdaderamente inquietante es la arquitectura del silencio que describe este caso. No estamos ante una simple incoherencia política, sino ante una 'gramática del privilegio' ejecutada con precisión quirúrgica.
Como estudioso de la historia de las emociones, me resulta fascinante (y desolador) ver cómo se aplica una suerte de 'teoría cuántica de la víctima': su existencia depende exclusivamente de quién ocupe el centro del encuadre. Si el foco apunta hacia fuera, la víctima es sagrada; si apunta hacia dentro, se convierte en 'ruido', en 'estorbo' o en 'daño colateral'.
Pasar del 'yo te creo' al 'piensa en tus hijos y no dañes al partido' no es un error de cálculo, es el uso del silencio como política pública de protección del poder. Se ha sustituido la presunción de inocencia por una presunción de poder donde la moral es un instrumento retórico y no un principio
Al final, envejecer no es solo un proceso biológico, es también una construcción emocional. La soledad oxida más que el tiempo, mientras que una buena carcajada con amigos es, probablemente, el mejor 'fármaco' senolítico que tenemos a mano y sin receta. Como bien dice el artículo, ahora es cuando toca disfrutar de lo que el trabajo nos robaba: el tiempo para ser, simplemente, humanos.
Las emociones positivas no son solo un estado de ánimo; son pura química que reduce el cortisol y fortalece el sistema inmune. La soledad y el aislamiento oxidan más que el paso de los años, mientras que una buena carcajada con amigos es el mejor 'fármaco' senolítico que existe, y además sin receta. Como bien dice el artículo, ahora es el momento de dedicarle a la alegría el tiempo que el trabajo nos robaba. ¡A pisar el freno del envejecimiento con optimismo!"