Está meridianamente claro que hubo un bando golpista y otro legitimado; hubo uno vencedor y uno derrotado, pero pensar que hubo uno de malos, que fusilaba, y otro de buenos, que ponía la otra mejilla, es de una simpleza que raya la indigencia intelectual. Hubo un tiempo en el que España se distinguió por la confrontación de ideas. Basta recordar aquella portada de ABC donde aparecían Cristina Almeida y Blas Piñar debatiendo sobre el divorcio: dos polos opuestos que, sin embargo, aceptaban el debate. Hoy, sin embargo, la pluralidad se pierde cuando se imponen vetos ideológicos en foros que deberían ser de análisis y no de trinchera.
Esto ha sido norma habitual en España, a mí, hace mucho, me pidieron 30.000 en b y me dieron la tarjeta de un director de una sucursal bancaria, que no pondría problemas. Todo muy legal.