Estoy contra cualquier tipo de censura. Cualquiera. Y contra todos los ataques, hasta el más mínimo, a la libertad de expresión. Ahora bien, dicho esto, también creo que debemos replantearnos en este país la utilización de ciertos términos. Fascista fueron Mussolini, Hitler y Franco. Llamar a alguien fascista y, por tanto, equipararlo a alguno de estos personajes por el mero hecho de defender determinadas ideas es un exceso. Fijáos bien lo que ha pasado en la cumbre iberoamericana, cuando Hugo Chávez llamó fascista a Aznar. Aznar no era fascista: la cagó constantemente, sobre todo al final de su segundo mandato, con el Prestige, la Guerra de Irak y el 11-M. Y los ciudadanos le castigaron por ello. Pero no era un fascista. Debemos reflexionar sobre la ligereza con la que en ocasiones usamos ciertas palabras.
Esto es de locos... Si es injuria, es delito... Lo que habrá que despenalizar serán, en todo caso, las opiniones contra la Monarquía. Y éstas ya están despenalizadas... ¿O no?