El relevo en la presidencia de la Generalitat no se decide en Les Corts, ni en los barrios, ni en las urnas. Se decide en una reunión secreta entre PP y de Vox, a puerta cerrada, en algún punto de València. La democracia valenciana se negocia como si fuera una herencia familiar: entre herederos, sin testigos y sin rendir cuentas. No hay programa de gobierno, pero sí un pacto de silencio. Y mientras las y los valencianos esperan explicaciones, la derecha reparte el poder a escondidas, como si el futuro fuera un negocio más que privatizar.
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