"Es muy grave. No tenemos un problema con el agua, lo que tenemos es un problema con la gestión y, o hacemos algo, o corremos el riesgo de perder el liderazgo con el aceite de oliva y de que los olivares acaben convertidos en desiertos". Son declaraciones que bien podrían corresponder a cualquier agricultor español de secano, preocupado por el descenso de los recursos hídricos en el país.
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