En 2025, las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) alcanzarán un máximo histórico de 38.100 millones de toneladas, un 1,1% más que el año anterior. Esta noticia llega envuelta en una paradoja desoladora. Nunca habíamos tenido tanta tecnología verde, tanta capacidad instalada de energías renovables ni tanta conciencia climática. Y, sin embargo, el termostato del planeta sigue subiendo. ¿Cómo es posible? La respuesta es compleja y nos habla de un desfase peligroso entre nuestras soluciones y la magnitud de nuestro problema.
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