El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, suele despreciar lo que ignora. Si a eso suma la ceguera por un interés propio, particular, lo que queda es el ninguneo y la riduculización. Es lo que acaba de mostrar hacia el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen. Le importa un bledo quién es, qué hace y qué pide. Su único empeño es quitarle su isla. Por cuestiones de seguridad, dice. Por sus recursos, más posiblemente.
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