(...) Errejón es el paradigma del hombre moralista. Impulsó la idea de que los conflictos afrctivos son delitos contra la comunidad. Es decir, los moralizó. Levantó a su alrededor un muro emocional infranqueable que cambia su escala, los deshumaniza y hace que necesiten del castigo colectivo para ser reparados.
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