En medio de la tormenta, Baltasar Garzón reaparece como un “fantasma vengador”, presentando un dictamen de 28 páginas ante la Sala Segunda del Supremo en calidad de Amicus Curiae. Su escrito, presentado por el abogado Enrique Molina, es demoledor: denuncia la nulidad radical de la sentencia por vulneración del artículo 418 de la Ley Orgánica del Poder Judicial y el régimen de incompatibilidades, al haber cobrado los jueces de una parte implicada mientras deliberaban.
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