Cuando Donald advirtió hace años a los líderes europeos de que su dependencia del gas ruso les convertiría en "rehenes de Moscú", el comentario fue recibido con escepticismo, e incluso con risas. Transcurrido casi un año de su segundo mandato, esos mismos dirigentes se esfuerzan ahora por conseguir contratos a largo plazo para el gas natural licuado estadounidense, a medida que el dominio ruso sobre el mercado energético europeo se desmorona exactamente como predijo Trump.
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