¿Cuántas veces hemos escuchado que los huertos solares destruyen el paisaje o inutilizan el suelo? La narrativa habitual nos dice que sacrificar hectáreas de terreno es el precio que hay que pagar por tener una electricidad limpia. Pero, ¿y si esta premisa fuera falsa? ¿Y si, contra intuitivamente, cubrir un desierto con paneles solares fuera la mejor forma de devolverle la vida? El Parque Solar de Talatan, China, es una buena prueba de que es posible.