Hoy, mientras el mundo despierta con la noticia de los primeros bombardeos sobre Teherán y demás grandes ciudades de Irán. Nuestro sentimiento es de profundo dolor y de indignación ética. Las sirenas que suenan en Teherán, Isfahán o Shiraz no son ruido de fondo. Son el anuncio de más vidas truncadas, de familias destruidas, de una nueva herida abierta en Oriente Próximo. ¿Qué esperarán los que han instigado esta situación? ¿Salir prósperos y aclamados, de semejante acto de desigualdad y vileza?