El asesinato de Namiko Takaba, ocurrido el 13 de noviembre de 1999 en su vivienda de Nagoya cuando tenía 32 años. Durante 26 años, el esposo de la víctima, Satoru Takaba, asumió el pago del alquiler del apartamento con el objetivo de preservar cualquier indicio que pudiera resultar útil en el futuro. Satoru gastó más de 120.000€ y protegió las manchas de sangre y las huellas en espera de que mejorase la tecnología de identificación por ADN, hasta que se logró identificar a una excompañera de clase que hoy tiene 69 años.