Hay una línea roja que separa el periodismo incómodo —ese que fiscaliza al poder— del comportamiento que erosiona la propia profesión. Cada vez más voces sostienen que Vito Quiles lleva tiempo cruzándola. Y lo preocupante no es solo el estilo: es la normalización de prácticas que muchos periodistas describen directamente como hostigamiento.
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Subnormal que no se merece que le prestemos la más mínima atención, si no fuera porque es un tocacojones protegido por los peperos y voxeros, al que deberían enchironar.
Lo único que se merece es una hostia y que lo envíen otra vez al parvulario.
Si te molesta limítate a ignorar el mensaje y a seguir aplaudiendo con las orejas a las subnormalidades que suelte tu mamporrera favorita.
Es verdad que no todos son iguales. Algunos se inventan agresiones, otros no.