Argentina tiene un problema que ningún programa de estabilización resuelve por sí solo. No es el déficit fiscal —que existe y requiere corrección—. No es la emisión monetaria —que debe controlarse—. No es el tipo de cambio —que necesita previsibilidad—. Es la estructura productiva. El desarrollismo no es nostalgia de los años '50. Es el reconocimiento empírico de que ningún país de ingreso medio llegó a ingreso alto exportando únicamente recursos naturales sin procesar. Sin excepción. En ningún caso histórico verificable.