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Ayuda, por favor

Con 58 años, bebo cada día media botella de Coñac. No sé cómo salir de esta mierda. Tengo una ayuda por incapacidad y por eso no tengo problemas económicos, pero me estoy matando.

Nadie lo sabe, ni mi mujer, lo hago a escondidas y piensa que bebo pero no tanto.

Llegué a esto a través de que la bebida se convirtió en estímulo. Me iba mal, bebía. Me empezó a ir bien, bebía más.

Una de la cosas peores es que puedo dejarlo sin problemas. Por eso, he estado a veces sin beber durante un mes de vacaciones, o 15 días porque me dolía el hígado. Pero siempre vuelvo.

Tengo un familiar médico que me contaba que los alcohólicos comienzan con síndrome de abstinencia a los dos días. A mí no me pasa.

Es peor. No sé que hacer cuando llegan las 18:00. Ver la tele no apetece. El móvil, tampoco. Hacer cosas, ya he hecho bastantes durante el día. O no, también tengo mucha vagancia.

Al final, acabo abriendo la botella y soplando media.

Sigo haciendo vida normal, cocino, le doy de cenar a mi familia y durante la cena hablamos de cosas.

Al día siguiente no me acuerdo de nada. Hoy mismo le he preguntado a mi hija si tenía entrenamiento, me ha respondido que sí y que ya se lo pregunté ayer. Y mi cerebro está tan deteriorado que no tengo ningún recuerdo de eso.

En navidades fue mi último periodo sin beber, estuve 9 días. Pero el 31 de diciembre volví a mi rutina.

En serio, necesito ayuda. He contado la mitad, porque no quiero explicar la pérdida de amigos, falta de líbido, etc etc.

Gracias por leerme.

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Cuando pones a la IA a escribir un capítulo de una novela

A finales del año pasado publiqué aquí una novela por entregas, al viejo estilo del folletón, que tan buenas obras dejó a la historia de la literatura. Eso era recurrir al más antiguo de los métodos de difusión, así que pensé que después tocaba acercarse también a la más moderna herramienta de producción: la inteligencia artificial.

Como prueba, se me ocurrió ampliar la obra con nuevos personajes en las habitaciones, y un añadido a la trama negra. Actualmente tiene unos noventa folios y pensé que estaría bien llevarla al entorno de los ciento treinta, aproximadamente. Hablamos de un incremento del 50%, más o menos.

Lo primero que noté, es lo más importante, es que para que el puñetero artefacto escribiese algo, y hablo de Claude, y de Chatgpt, hay que echarle muchas más horas y mucho más trabajo que al proceso de escribir una historia por el viejo método. A mí, que tengo mucha experiencia y escribo relativamente rápido, no me quita trabajo, sino que me lo da, y además convierte un trabajo más o menos satisfactorio en un trabajo de mierda, en el que tienes que estar pendiente de que los nombres, los sitios y los caracteres encajen.

Por si esto fuera poco, la IA escribe bastante bien, o muy bien, si hablamos de estructuras sintácticas o gramaticales, pero su tono, el ambiente psicológico que transmite, es casi invariable. Puedes cambiar el género y pedirte que te hable de cosas cotidianas, de la vida culinaria de los marcianos o de un grupo de delincuentes, pero lo escribe todo en un registro bastante similar, muy cercano a la novela español del franquismo, aquellas novelas en las que todo el mundo se la agarraba con papel de fumar y caminaba narrativamente por el alambre de lo insustancial. Y quien dice del franquismo español, dice de la novela británica de principios de siglo o de la novela norteamericana de los cincuenta y de los sesenta, o de la novela rusa de los setenta, porque no se trata de un tema político, sino de una estética que evita el riesgo o incluso la ambigüedad como si fuesen esporas de hongo radioactivo.

Las descripciones son ramplonas, la gente se mueve por los escenarios como si estuviese en un ensayo general de unas fiestas patronales de ciudad mediana sin tren. Si le pides un diálogo, todo el mundo habla como si estuviese hablando con la madre de su jefe, y como esperes que alguien haga algo incorrecto legalmente, porque se trata de una novela negra, y en las novelas negras se mata, se pega, se viola y se secuestra gente, prepárate a recibir mensajes moralistas sobre lo que este modelo puede y no puede hacer. Y no digamos el sexo: los personajes pueden besarse y mirrse con deseo, pero como se te ocurre ponerlos a tocarse algo más que la espalda, mejorle pides a una monja de clausura que te lo escriba ella, porque le va a echar más osadía.

Para el que no tiene ni puta idea de escribir, la herramienta puede tener alguna utilidad, igual que nos hace dibujos a los que no tenemos puta idea de dibujar. Lo trágico del asunto es que sucede algo muy similar con los requisitos que actualmente te exigen muchas editoriales, que sólo publican libros cuquis, con los delitos tasados, los achuchones tasados y evitan los temas verdaderamente negros o controvertidos. Y la prosa con cierta audacia. Y los personajes con un poco de profundidad. Lo trágico es que la inteligencia artificial sea tan amiga de los tópicos y tan maniquea como los peores libros que pueden encontrarse hoy en una librería, con el añadido de que se pierde en un costumbrismo mal entendido de gente tomando cosas en las terrazas, coches circulando y pájaros cantando en los árboles. Porque todo eso me salió a mí en mi experimento. En una novela negra. No me jodas.

Y espera que le pida que un personaje se suicide...

Bueno, en resumen: que no sé si ampliaré la novela o no, pero creo que yo en dos semanas puedo hacerlo, a ratos sueltos, y dejarla aceptable. Pero como se lo pida a la IA me va a llevar tres o cuatro meses y otras dos semanas para hacer que el texto nuevo encaje con el existente.

Si alguno queréis probar, ahí está el texto, en el enlace de arriba. Ya veréis qué despelote...

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Europa puede luchar a nivel comercial, financiero,...no militar

Sun Tzu, El arte de la Guerra, “La mejor victoria es ganar sin combatir

Existen diferentes guerras: militar, comercial, financiera. En las guerras es fundamental elegir el terreno en el que puedas ganar. Europa no puede tener un ejercito capaz de competir con EEUU ni en 100 años; el rearme solo nos puede arruinar. 

El punto fuerte de Europa es el consumo, la moneda y el comercio.

Veamos las reacciones más inteligentes de Rusia y China, a la bravuconada de EEUU: Rusia entiende que la mejor manera de responder a la agresión estadounidense no es con más violencia, sino acelerando el sistema financiero que hará irrelevante la violencia estadounidense.

La respuesta china ha sido extremadamente estratégica y silenciosa. En los últimos días, mientras las bombas caían en Caracas, Beijing ha firmado contratos preliminares para importar gas natural licuado de Qatar, pagado en yuanes, acuerdos de refinamiento conjunto con Kuwait y lo más significativo, ha acelerado las conversaciones con Arabia Saudita para establecer un 'hub' energético en el Golfo Pérsico que operaría completamente en monedas no occidentales. www.meneame.net/m/actualidad/ataque-venezuela-operacion-salvamento-pet

Luego los europeos podemos combatir con la misma estrategia: 

Los ciudadanos evitando comprar y consumir productos estadounidenses. 

Y las empresas que puedan, empezar a comerciar en monedas diferentes al dólar, … en el momento en que el dolar deje de ser la moneda principal de intercambio internacional, EEUU pierde poder, no podría mantener su presupuesto militar.

El sistema petrodólar le permite a EEUU imprimir dólares infinitamente sin sufrir inflación porque hay una demanda global constante de dólares para comprar energía, en el momento que el dolar dejaría de ser hegemonico, Trump y sus amigos ricos-riquisimos americanos sufrirían grandes pérdidas, Trump está defendiendo su fortuna personal.

Europa debería adherirse a los BRICKs, que si sería un golpe definitivo a EEUU.

El inconveniente es que los dirigentes europeos son simples títeres de las corporaciones estadounidenses; Merz mismo es un CEO de Blackrock!!

Y ahora que nos damos cuenta de que es EEUU nuestro enemigo, quizá deberíamos pedir ayuda a Rusia!

Y más teniendo en cuenta el plan del Rand Corporation: El plan estratégico de Estados Unidos contra Rusia fue elaborado hace tres años por la Rand Corporation [: boltxe.eus/2022/03/todo-estaba-escrito-en-el-plan-de-la-rand-corporati | Boltxe

Ante todo, estipula el plan, Rusia debe ser atacada en su flanco más vulnerable, el de su economía fuertemente dependiente de la exportación de gas y petróleo: para ello utilizaremos sanciones comerciales y financieras y, al mismo tiempo, haremos de manera que Europa reduce la importación de gas ruso, sustituyéndolo por gas natural licuado de Estados Unidos. En el ámbito ideológico e informativo, es necesario fomentar las protestas internas y al mismo tiempo socavar la imagen de Rusia en el exterior. En el campo militar, es necesario operar para que los países europeos de la OTAN incrementen sus fuerzas en una función anti-rusa. Estados Unidos puede tener altas probabilidades de éxito y grandes beneficios, con riesgos moderados, invirtiendo principalmente en bombarderos estratégicos y misiles de ataque de largo alcance dirigidos contra Rusia. El despliegue de nuevos misiles nucleares de alcance intermedio dirigidos a Rusia en Europa les otorga una alta probabilidad de éxito, pero también conlleva grandes riesgos. Al calibrar cada opción para obtener el efecto deseado —concluye el Rand — , Rusia terminará pagando el precio más alto en el enfrentamiento con Estados Unidos, pero este último y sus aliados tendrán que invertir grandes recursos quitándolos a otros objetivos. Bajo esa estrategia, el plan de 2019 de Rand Corporation preveía, «entregar ayuda letal a Ucrania explotaría el mayor punto de vulnerabilidad externa de Rusia, pero cualquier aumento en las armas y el asesoramiento militar proporcionado por Estados Unidos a Ucrania debe calibrarse cuidadosamente para provocar los costos para Rusia sin provocando un conflicto mucho mayor en el que Rusia, debido a la proximidad, tendría ventajas significativas». Es justamente ahí —en lo que Rand Corporation definió como «el mayor punto de vulnerabilidad externa de Rusia», explotable armando a Ucrania de una manera «calibrada para aumentar los costos para Rusia sin provocar un conflicto mucho mayor»— en donde llega la ruptura. Atrapada en el cerco político, económico y militar que Estados Unidos y la OTAN estrecharían cada vez más, ignorando las reiteradas advertencias y propuestas de negociación de Moscú, Rusia reaccionó con la operación militar que destruyó en Ucrania más de 2.000 estructuras militares fabricadas y controladas en realidad no por los gobernantes de Kiev sino por los mandos de Estados Unidos y la OTAN. El artículo que informaba sobre el plan de Rand Corporation hace tres años terminaba con estas palabras: «Las “opciones” previstas por el plan no son en realidad que variaciones de la misma estrategia de guerra, cuyo precio en sacrificios y riesgos pagamos todos». Lo estamos pagando ahora, los pueblos europeos, y lo pagaremos cada vez más, si seguimos siendo peones sacrificados en la estrategia USA-OTAN.

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El envoltorio de la guerra

El envoltorio de la guerra

Cada cierto tiempo, la pregunta reaparece en nuestras discusiones. Casi siempre formulada con la esperanza de una respuesta tranquilizadora:

¿Son los demócratas de EEUU menos beligerantes que los republicanos?

La pregunta no es ingenua. Es profundamente política. Porque en ella se esconde la necesidad de creer que, al menos, existe una opción “menos mala”, una manera distinta de ejercer el poder sin recurrir sistemáticamente a la fuerza. Pero como ocurre con tantas otras cuestiones estructurales, la realidad suele ser bastante menos alentadora.

Si uno se queda en la superficie, parece que sí hay diferencias. El lenguaje cambia. El tono cambia. Incluso la escenografía cambia. Pero cuando se observa el recorrido completo, cuando se abandona el discurso y se miran los hechos acumulados, la conclusión es otra distinta.

Durante las últimas décadas, los presidentes republicanos han tendido a hablar de la guerra sin complejos. Seguridad nacional, fuerza, disuasión, excepcionalismo estadounidense. Reagan necesitó un Imperio del Mal. George W. Bush un Eje del Mal. Trump prefirió la amenaza directa, casi teatral, envuelta en el eslogan de América Primero. La guerra, en este marco, se presenta como una demostración de músculo, como una necesidad casi natural del liderazgo global.

Los demócratas, en cambio, han refinado el relato. No renuncian al uso de la fuerza, pero lo visten de legalidad internacional, de alianzas, de responsabilidad moral. Hablan de derechos humanos, de estabilidad regional, de “responsabilidad de proteger”. Clinton bombardeó Kosovo en nombre de la OTAN. Obama justificó Libia como una intervención limitada y ética.

El resultado es un curioso espejismo: parece que unos guerrean y otros gestionan. Pero es solo eso, un espejismo.

Cuando se observan los métodos, la diferencia vuelve a aparecer… y a diluirse.

Los republicanos han preferido históricamente la fuerza convencional, las invasiones a gran escala, la presencia militar visible. Afganistán e Irak son el ejemplo más claro. La guerra entendida como ocupación, como control territorial, como demostración inequívoca de poder.

Los demócratas, más incómodos con ese tipo de imágenes, optaron por otra vía: la guerra de precisión. Drones, operaciones especiales, campañas aéreas sin botas sobre el terreno. Una violencia más limpia, más tecnológica, menos visible para la opinión pública doméstica. Fue un presidente demócrata quien normalizó e institucionalizó el asesinato selectivo por control remoto, ampliando como nadie antes el uso de drones armados.

El saldo humano, sin embargo, no desaparece. Solo se vuelve más difícil de ver.

Y es aquí donde el relato partidista termina de romperse. Porque ambos partidos han iniciado guerras, ambos han heredado conflictos y los han escalado, ambos han intervenido unilateralmente cuando lo han considerado necesario. Unos con grandes invasiones, otros con campañas aéreas silenciosas. Unos con discursos grandilocuentes, otros con informes técnicos y ruedas de prensa sobrias.

El llamado “intervencionismo humanitario”, tan a menudo asociado a los demócratas, no es una alternativa real al belicismo, sino otra forma de justificarlo. Cambia la causa invocada, no la herramienta utilizada. Y cuando conviene, los republicanos también han recurrido a ese mismo argumento.

Un presidente republicano llevó a Estados Unidos a las guerras convencionales más devastadoras del siglo XXI; un presidente demócrata convirtió la guerra encubierta y permanente en una política de Estado.

Ambos fueron profundamente beligerantes. Solo eligieron formatos distintos.

Al final, como casi siempre, la clave no está en el partido, sino en la estructura. El poder ejecutivo estadounidense, el complejo militar-industrial, los intereses geopolíticos permanentes y la inercia de una superpotencia global en declive empujan en la misma dirección, gobierne quien gobierne. El presidente modula el discurso, elige el envoltorio, decide si la guerra se presenta como fuerza, como deber moral o como operación quirúrgica. Pero rara vez cuestiona el fondo.

La beligerancia estadounidense no es una anomalía republicana ni una traición demócrata.

Es bipartidista.

Lo que cambia no es la guerra, sino la forma de contarla. Y mientras discutimos si el lenguaje es más agresivo o más amable, el sistema sigue funcionando haciendo de la fuerza militar una herramienta recurrente, casi automática, de la política exterior.

Quizá la pregunta no debería ser quién es menos beligerante.

Quizá la pregunta correcta sea por qué ninguno deja de serlo.

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menéame