Cinco viñetas históricas de 1898 sobre la guerra de Estados Unidos contra España.




Pablo Gil, uno de los expertos en Bolsa, trader e inversor, es fundador del fondo de BBVA, analisis técnico del Banco Santander lo dice hoy en sus redes sociales: "El gráfico muestra que la parte del ingreso total de la economía que va a los trabajadores (salarios y sueldos) está en mínimos históricos.En la práctica:
- Los salarios pesan cada vez menos en el reparto de la renta.
- Una mayor parte se queda en beneficios empresariales, rentas del capital e intereses.
- Aunque haya empleo o crecimiento del PIB, los trabajadores capturan una porción menor de ese crecimiento.
Implicaciones clave:
- Desigualdad al alza: el capital gana peso frente al trabajo.
- Menor poder adquisitivo de las clases medias si los salarios no compensan inflación y productividad.
- Consumo más frágil a medio plazo, porque el consumo depende sobre todo de salarios.
Refuerza la idea de que el problema no es solo crecer, sino cómo se reparte el crecimiento. A ver si alguien se lo explica al gobierno de España...
En resumen: la economía puede ir bien “en agregado”, pero el trabajador medio recibe una porción cada vez más pequeña del pastel.

Una de las cosas que más me llama la atención por estos lares, sobre todo cuando se habla de inteligencia artificial y asimilables, es el argumento de que los buenos profesionales prevalecerán, y que si eres realmente bueno en lo tuyo no tienes nada que temer. Lo veo correcto. Es muy posible que los que digan eso tengan razón. ¿Pero qué pasa con el resto? ¿Qué significa en la práctica ser realmente bueno en lo tuyo? ¿De verdad estamos imaginando el mundo para que el 5% de individuos destacados lo disfruten mientras el resto se quedan atrás? Parece que se trata de eso, desa peculiar variedad d ela Ley del Embudo: defender la competitividad donde podemos competir, y defender la cooperación donde sospechamos que no pdoemos competir.
Cuando se leen estas cosas, se nota bien a las claras que estamos en un foro de gente de cierta edad, con sueldos altos, y muchos años de experiencia. Gente a la que, en el fondo, se la suda el futuro de los más jóvenes, porque muchos ni siquiera tienen hijos y están esperando una jubilación más o menos cómoda que ya ven al alcance de su mano.
Sin embargo, es gracioso, porque cuando se habla de dejar atrás a los pobres o los enfermos, enseguida se revuelven en sus asientos y se niegan a apoyar tal cosa, como si les hubiease entrado un repentino ataque de ética racional. ¿Qué sucede entonces?
Creo que se trata de una especie de escisión entre la ideología personal y la ideología profesional. Como profesionales, desprecian a los profesionales mediocres, y su orgullo los empuja a desdeñar a esa gente, su futuro, y sus opciones de vivir dignamente. La frase “que den conciertos” ya nos enseñó hace mucho tiempo de qué clase de gente hablamos y hasta dónde alcanza su preocupación social. Que se generen pobres, o que se empobrezca a la gente, no les preocupa. Esa gente sólo merece su atención, y su compasión, una vez que se ha hecho pobre y vive en la mierda, pero nunca antes.
El profesional mediocre, el que no da par más, el que no es como ellos, el que está fuera de ese cinco o diez por ciento de los mejores, tiene que reciclarse, aprender, esforzarse y espabilar. O a lo mejor esperar a quedar excluido, porque una vez que está excluido ya merece nuestra atención y nuestra ayuda.
Es terrible el punto hasta el que ha caldo la vieja mentalidad religiosa de comedor de convento limosneo. Es terrible leer esa clase de cosas en el foro más progresista que se supone que queda en la internet hispana. ¿Qué dirán los liberales?
Yo alucino.
menéame