El tema barcos es mucho peor de lo que parece

Habré escrito sobre esto como una docena de veces, la primera allá por el 2006, haciendo un recorrido por las veces que los actos en el mar han tenido importantes consecuencias, siempre negativas. Creo que no es el momento de aburruiros con el tema, pero no está de más recordar que los americanos llevan varias jugadas de ese tipo paras entras en guerras, empezando por la del Maine, que los ayudó a despojar a España de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

El tema central es que es imposible, pero materialmente imposible, mantener un Imperio sin el dominio del mar, y quien tiene su control determina el comercio y la circulación de los recursos. La globalización depende absolutamente del comercio marítimo, y hasta ahora se ha hecho un énfasis absoluto en la seguridad de los mares.

Cuando la superpotencia dominante decide romper las reglas en el mar, rompiendo la regla de oro de la seguridad en aguas internacionales, no se trata de un incidente cualquiera, sino de la posible ruptura del juego al completo, por las consecuencias en cascada que puede tener esta transgresión.

No se trata de que capturen un barco aquí o allá: se trata de que todos los barcos, absolutamente todos, pueden ver incrementadas sus pólizas de seguro, con lo que esto supone para el transporte marítimo, la circulación de recursos y el comercio mundial, basado en el "just in time", con bajo coste de almacenamiento y recursos distribuidos.

Acabe como acabe como acabe esta fase de la aventura trumpiana, basta con el temor a que el tema se descontrole para retraer las inversiones y encoger el volumen del comercio global. El dominio del mar es el verdadero poder del Imperio, y hasta ahora, los Estados Unidos no lo habán ejercido de manera coercitiva. Si esto cambia, absolutamente todo cambiará. Hay que recofger el tablero y desplegar otro.

No hablamos de cualquier cosa.