Es una prueba de cómo las poblaciones se asentaron en el centro de Asturias mucho antes de que aparecieran los castros. Es una forma de mirar a un pasado anterior al de las fortificaciones castrenses, que está mucho más estudiado, entre otras cosas porque la piedra es uno de los elementos arqueológicos que mejor se conserva. En la aldea de Monte Alto, a pesar de que en su día se la consideró un castro, no hay restos de muros de piedra pero sí indicios de que pudo haber en su día algún tipo de fortificación orgánica.
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