Carmen llevaba más de 20 años fuera del mercado laboral. La maternidad marcó un paréntesis en su vida profesional. A los 52 años, una llamada le abrió otra puerta: un puesto de trabajo en un colegio público. Para ella era una oportunidad, pero de pronto irrumpieron el miedo y la autoexigencia. Las horas previas a su incorporación se convirtieron en una tormenta física y emocional. Se mantuvo despierta toda la noche con náuseas e insomnio. Al final, no pudo personarse en la escuela. Acudió a su centro de Atención Primaria, le recetó lorazepam.
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etiquetas: medicalización , autoexigencia , estrés , depresión , tdah , cansancio , zombies
Al final todo es lo mismo, buscar soluciones sencillas para problemas complejos
En cambio, para recetarle lorazepam, diazepam, y cualquier cosa que sirva para "tapar" la… » ver todo el comentario
No señores, si estamos medicalizados en exceso es porque vas con cualquier cosa al médico de cabecera y te despacha con cuatro pastillas para que no vuelvas.
Es más fácil recetar un antidepresivo que firmar una baja. O por lo menos parece que les es más fácil a los médicos.