En el caso de los mundiales, algunos de los análisis económicos que se han realizado arrojan un saldo no siempre satisfactorio. Celebrar un Mundial de fútbol es, para muchos gobiernos, el gran escaparate, una oportunidad de situar al país en el centro del mapa, atraer visitantes y acelerar inversiones. Pero desde el punto de vista económico, la pregunta clave sigue abierta y es cada vez más incómoda: ¿es realmente rentable organizar un megaevento deportivo o se trata más bien de un negociete que toma como rehén al país anfitrión? La tesis citad
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En Alemania 2006, en cambio, el legado fue menos problemático porque gran parte de las sedes ya existían o fueron remodeladas, no construidas desde cero. Este es uno de los pocos casos donde el Mundial se integró en una cultura futbolística sólida capaz de llenar estadios después del evento. Sería un caso parecido el de España y Portugal, que van a celebrar el de 2030, pero no tanto el de Marruecos, la otra sede, que preparó nueve estadios de primer
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