En 1960, Hans Krahe observó que una gran cantidad de hidrónimos no podían explicarse fácilmente a partir del celta, el germánico, el itálico o el báltico histórico. Parecían venir de un estrato más antiguo. Por ejemplo: Isara «la rápida» Isar en Baviera, Isère en Francia, Oise en Francia, Yser en Bélgica, IJssel en los Países Bajos, Jizera en la República Checa, Ésera en España. Otro ejemplo es la raíz vis- o weis- «fluir» Weser, Werra en Alemania, Vesdre en Bélgica, Wear en Inglaterra, Vistula en Polonia y Vézère en Francia.
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