En la primavera de 1948, mientras Europa trataba aún de recomponerse de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, en Washington se desarrollaba una operación secreta que marcaría el inicio real de la Guerra Fría. La Casa de la Moneda de Estados Unidos y el Bureau of Engraving and Printing trabajaban sin descanso imprimiendo millones de billetes. No eran dólares. Eran marcos alemanes, la nueva moneda destinada a sustituir al depreciado Reichsmark en la Alemania occidental ocupada por Estados Unidos, Reino Unido y Francia.
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