En los ambientes profesionales es típico el comentario "ese ha llegado a jefe siendo mala persona". Muchos trabajadores han conocido algún individuo con un puesto de responsabilidad que es egoísta, manipulador y agresivo. Lo que no está tan claro es si esas características de la personalidad son las que ayudan a medrar en el mundo laboral. Ser intimidante o agresivo puede dar ventajas en el trabajo pero también lleva consigo limitaciones sociales. Los beneficios obtenidos con la intimidación se neutralizan con la falta de alianzas laborales.
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