Una espada corta aún dentro de su vaina, un conjunto de flechas atadas y un par de palillos metálicos grabados: estos son algunos de los objetos que acaban de emerger del fondo marino frente a una pequeña isla japonesa, siete siglos y medio después de que un tifón los enviara a las profundidades. Los artefactos pertenecen a un buque de guerra mongol, el tercero de este tipo hallado en la bahía de Imari, cerca de la isla de Takashima, en la prefectura de Nagasaki, y constituyen algunas de las pruebas del ataque de Kublai Kan contra Japón.