A la luz de mis últimas interacciones en Meneame al respecto de este tema, he tenido el desagradable intercambio entre negacionistas y mata bichos.
Según su experiencia personal y lo que les dice la TV y los medios, hay muchos conejos, plagas incluso.
No habrán leído un artículo científico en su vida para confirmar si lo que piensan o les dicen es cierto.
Por eso vengo a dejarle algunos datos y lecturas reales.
Desde 1950 se trajo la Mixomatosis a España con el fin de que la enfermedad erradicase a todos los conejos en pro de los cultivos. Así somos, si. También se trajo la gambusias para acabar con los mosquitos y al final no acabo con los mosquitos pero tenemos ríos llenos de gambusias.
La mixomatosis tuvo un efecto mortífero en el conejo, pero también en los ecosistemas ya que el conejo es un ejemplo clave cosmopolita en nuestra área que modula el entorno y es presa de muchos animales.
Aún así, la evolución hizo su trabajo y el conejo se recuperó algo poco a poco y con padecimiento intenso con la enfermedad latente. Agruparse mucho suponía pandemias de mixomatosis por lo que las dinámicas cambiaron.
Pero lo peor vino después la fiebre hemorrágica del conejo sobre 1989. Esto fue brutal con mortalidades de cerca del 100% redujo a minimos las poblaciones de conejos. Aún así los gazapos de pocos meses tenían mayor supervivencia y permitía cierta recuperación anual. En 2010 una nueva variante ahora mata a los gazapos. El declive es máximo. Se trabaja soltando conejos vacunados.
De 1950 a hoy la población se ha reducido en un 95%. Para algunos eso es mucho. La realidad es que no son los niveles naturales. Claro que sí había antes 100 millones de conejos y ahora hay 5 millones... Pues para algunos es mucho. Pero no lo es. Es muy poco y ha alterado todos los ecosistemas.
Cuando uno ve hablar de plagas de conejos se tiene que reír.

www.researchgate.net/publication/232243017_Long-term_decline_of_the_Eu
www.researchgate.net/publication/387304610_Negative_trends_in_Rabbit_p
Como parece que tener bloqueadores de publicidad en Menéame pueda ser infracción, animo a que subamos fotos de nuestros mejores momentos con la publicidad de la web.
Porque el médico recomienda ejercicio y nada como deslizar los dedos hacia abajo para luego hacer unos clicks y lograr finalmente ver algo o comentar.
Quizás hasta sirva este artículo para corregir fallos en el funcionamiento de la publicidad y conseguir que al fin ocupe toda la pantalla infinitamente, como parece ser el objetivo.
Puedes simplemente subir la publicidad que te sale ahora mismo. Y lo mejor es que compartir publicidad es publicidad aunque Menéame no vea un duro por ello.
Ánimo y a disfrutar.


Ciudadanos, internautas, herederos de una Europa que espera para completarse:
No hay siglo que no proyecte su sombra sobre el nuestro, ni figura que, al alzarse por encima de su tiempo, deje de pertenecerle. Napoleón no fue solo un hombre coronado por sus victorias, sino una excepción en la historia: la voluntad encarnada que, en lugar de limitarse a conquistar territorios, se atrevió a ordenar el mundo.
Su marcha sobre Europa, antes que militar, fue conceptual. Allí donde otros veían feudos y reinos, él veía decadencia; donde había tradición, él diagnosticaba ruina. Y en medio del estruendo de los cañones, llevó a cabo una empresa más duradera que cualquier victoria: la arquitectura de una ley para una civilización.
Las batallas pertenecen a la memoria; su Código Civil pertenece al presente. Mientras los mapas se deshacían como pergaminos húmedos, ese texto lógico e implacable fijaba algo más resistente que las fronteras: un nuevo orden, metódico y racional, que llevaba dentro de sí todos los buenos valores de La Revolución.
Allí donde reinaba el privilegio, impuso la geometría de la ley; donde mandaba la sangre, estableció la justicia; donde el derecho era un mosaico de excepciones, Él lo redujo a principios universales. No liberó pueblos para dejarlos intactos, sino para despojarlos de sus rémoras, incluso a costa de su propia gloria.
Entre las brumas de Santa Elena, donde el océano podría haber diluido su nombre, Él no cayó: se replegó, en silencio previo al retorno prometido, entrando en ese territorio donde la historia se convierte en espera. Porque Napoleón vive en cada intento de someter el caos humano a la civilización, la barbarie al imperio de la ley.
Cuando Europa vacile entre la arbitrariedad y el orden, el derecho se diluya en intereses y la política reclame de nuevo una forma, no será extraño que su nombre resurja, porque Napoleón, tras haber agotado la historia, entró en el dominio de lo inevitable. Entonces veremos en lontananza la brillante sombra de El Emperador.
¡Que el mundo vigile el horizonte: el Águila no ha concluido su vuelo!

Ciudadanos, internautas, hijos de la historia:
Hoy seguimos a la sombra de un gigante, aquel que no solo cabalgó sobre los campos de batalla, sino sobre el espíritu mismo de una época. Napoleón no fue simplemente un general o un emperador; fue la voluntad humana hecha destino. Desde las polvorientas calles de Córcega hasta las cumbres nevadas de los Alpes, su nombre se convirtió en un sinónimo de Derecho nacido de La Revolución.
Austerlitz, Wagram, Borodino, la campaña de Italia, la epopeya de Egipto nos asombraron; pero su verdadera victoria no se escribió con las conquistas de la Grande Armée. En medio de las ruinas del Viejo Mundo, Napoleón rescató a la Diosa de la Justicia, que yacía acorralada por todas las viejas tiranías de Europa. Al dictar su Código, no solo dio leyes a Francia, sino que entregó una brújula al continente entero.
Donde antes había privilegio heredado, puso norma general; donde reinaba la arbitrariedad local, estableció principio jurídico. Donde antes reinaban el privilegio y el arbitrio, Él sembró la igualdad ante la ley y la libertad de conciencia. No conquistó naciones para esclavizarlas, sino para romper las cadenas de la aristocracia y la monarquía y convertirlas en estados modernos, regidos por una ley clara y universal.
Las fronteras políticas cambiaron con el tiempo; los imperios cayeron como castillos de arena. Pero la idea de una ley civil racional, uniforme y codificada sobrevivió. Es cierto que el sol que brilló en su cenit sobre las Tullerías encontró un aparente ocaso en las rocas de Santa Elena. Pero no os dejéis engañar por la quietud de la tumba. Napoleón aguarda. Su caída no fue un fin, sino un retiro momentáneo hacia la eternidad.
Aquel que trajo la luz del derecho no ha dicho su última palabra. Vive en cada institución pública que trabaja para el ciudadano, en cada nación que anhela la grandeza y en el pulso latente de una Europa que aún siente el eco de su paso. El Emperador no es un recuerdo; es una promesa. Algún día, cuando el caos vuelva a nublar el horizonte de los hombres, el Águila despertará de su letargo para reclamar su lugar.
¡Que el mundo permanezca atento, pues el vuelo del Águila aún no ha terminado!
menéame