La pandemia de covid-19 y la invasión rusa a Ucrania socavaron el pacto social sobre el que se construía el plan económico de Orbán. Aunque su retórica tras la crisis de 2008 se centraba en recuperar la “soberanía”, el plan de empleo húngaro seguía dependiendo de la inversión extranjera directa. La política gubernamental no buscó fortalecer los derechos laborales, sino crear una fuerza de trabajo de bajos salarios que fuera atractiva para los inversores privados multinacionales.