Cuentos, historias, propios o referidos
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Peazo invento la guerra

Dicen que el tiempo y el conocimiento son la penitencia a mi pecado: depredar a los ajenos, depredar a los iguales, depredar a los depredadores... Eso tengo oído, sí.

 Y el caso es que lo creo, pues aunque fue hace mucho tiempo, tanto que no recuerdo si quemaban más las llamas que tomé de Prometeo o la manzana aquella ardiente que Eva me endiñó bajo un árbol del prado (juraría que fue en un prado, pero pudo ser en otro sitio, acaso un cuadro, no sé…), lo que sí me quedó claro es que al enfrentarme a aquel carnero descubrí algo importante, algo que se quedaría encaramado a mi destino, eso mismo que llevo ahora en la chepa como un sapo dispuesto a dar el salto: la guerra.

La guerra sí, qué tiempos… Va, pues me parece que después de aquel carnero no tardé ya en enfrentarme allí al equino, y al bovino, al puerco, al lobo y al felino… Y en éstas, cuando hube eliminado a mis competidores inmediatos, cuando alcancé el puesto aquel más elevado de la hermosa creación y me coroné rey indiscutible de todo lo evidente, entonces y solo entonces me paré a pensar: «Pero, ¿y quién es ahora mi enemigo? ¿Quién? A ver… ¡que salga!» Y al no salir ninguno, perplejo y contrariado decreté enseguida la creación de urgencia de mí mismo, del mundo y de dios.   

Y satisfecho ante mi obra ya me declaré enemigo eterno de todo lo creado. Sí, de todo, y fue un alivio. 

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Salas: mitos y leyendas

Salas: mitos y leyendas

En las cercanías de Ablaneda, allá por el alto de Pedrafita, dicen los que saben que se encuentran el famoso pozo Fullaricos (o Ful.lericos), bajo cuyas aguas se esconden los restos de un antiguo palacio. Nadie sabe, eso si, a quién pertenecía el susodicho, pues no hay cristiano vivo que lo haya podido contemplar, pues hasta los más viejos del lugar lo han conocido siempre como lo que es. Pero donde no llega el saber alcanza la imaginación y la leyenda. El rey pertenecía a un noble viudo, que si era de horca y cuchillo, no se sabía, porque no p
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El soñador

En el año 2018, Luis, un estudiante de bioquímica en Madrid, comenzó a despertar cada mañana con un regusto extraño. No era la neblina del sueño habitual, sino la vívida claridad de un recuerdo. Recuerdos de un día cualquiera, pero cinco años en el futuro.

Al principio, los descartó como fruto del estrés. Hasta que un sueño se cumplió con inquietante precisión: una conversación trivial con un antiguo compañero de clase, en el mismo banco del parque, con las mismas palabras. El pánico inicial dio paso a una obsesión metódica. Comenzó un diario cifrado: “Archivo del Mañana”. Anotaba cada detalle onírico: desde el precio del café hasta titulares de noticias que aún no existían.

Pronto descubrió la primera ley de sus extraños sueños. Sus acciones presentes tejían el futuro soñado. Si en el sueño veía un fracaso en un examen, estudiaba con furia y el sueño se reescribía, mostrándole un aprobado. Si soñaba con la tristeza de una ruptura, cambiaba su comportamiento en la relación y la visión se transformaba en armonía. Era como navegar un río, corrigiendo el rumbo con cada palada en el presente para evitar los rápidos del futuro.

Utilizó este conocimiento de formas mundanas al principio. Invirtió en acciones de una pequeña empresa de biotecnología que soñó que se dispararía. Evitó un accidente de tráfico. Cultivó amistades que en sus sueños se revelaban leales y útiles. Su vida mejoró, pero una pregunta crecía en él: si podía cambiar su futuro, ¿hasta dónde llegaba su responsabilidad?

La escala de sus sueños ya no eran solo sobre su vida, sino sobre el mundo. Soñó pandemias, colapsos climáticos, guerras por recursos. Y soñó posibles soluciones. Usando su creciente fortuna y una reputación de “visionario” que rayaba en lo profético, comenzó a actuar.

Fundó “Cronos”, una corporación que, bajo la fachada de inversiones de alto riesgo, era en realidad una máquina para implementar las soluciones que veía en sus sueños. Patrocinó la investigación genética que soñó que llevaría a la cura de enfermedades hereditarias. Mediante lobbies y una diplomacia casi telepática y guiada por el conocimiento de reacciones futuras, impulsó tratados globales.

Cada noche, soñaba el estado del mundo cinco años adelante. Cada día, trabajaba para esculpir esa visión hacia un ideal. Derrotó a sus detractores no con violencia, sino con el poder demoledor de lo inevitable: revelando (de forma anónima) sus escándalos futuros o mostrando cómo sus políticas conducirían al desastre. La gente empezó a susurrar lo evidente.

De momento solo puedo soñar hasta aquí. Las escalas interestelares y la relatividad me despiertan de madrugada. Los Insectores acaban de enviar un meteorito a Buenos Aires y me joroban los sueños. Mañana más.

Texto completo por Mr.GPT. Basado en conversaciones sobre la psico-historia de Hari Sheldon, Dios emperador de Dune, Ender y un manga que acabo de empezar dentro de 5 años.

menéame