Testimonios que reflejan una sensación de asfixia económica en la que la vivienda aparece como eje central, pero no como única preocupación. El mensaje no apunta solo al alquiler, sino a una percepción general de encarecimiento que desborda lo estrictamente habitacional y se cuela en los gestos más pequeños del día a día: “imposible seguir viviendo con los precios y los sueldos de miseria”. Otros, incluso teniendo “casa y vida” en Ibiza, se plantea irse por la “falta de servicios a la ciudadanía”, especialmente sanitarios.