El trabajo del grupo de Takuzo Aida, del centro RIKEN en Japón arrojó los primeros resultados se publicaron en 2024 en la revista Science. Allí describen un material formado por dos “ladrillos” iónicos sencillos, como el hexametafosfato de sodio, un aditivo alimentario, y monómeros basados en guanidinio. Estos componentes se autoensamblan en agua y forman una red tridimensional muy resistente gracias a unos enlaces llamados puentes salinos. El plástico resultante es duro, reciclable y estable mientras no se le vuelva a aportar sal.
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