Hay olvidos que humanizan como por ejemplo las gafas en la nevera, las llaves en el bolsillo equivocado, el nombre de un actor secundario que juraríamos conocer… y luego están los presuntos olvidos que organizan un relato que selecciona con precisión quirúrgica qué debe evaporarse y qué permanecer. En el sofisticado caso del segundo tipo de olvidos, Mariano Rajoy ha ofrecido estos días una lección magistral a propósito del llamado Caso Kitchen, y su comparecencia podríamos resumirla en una idea sencilla y casi minimalista: si algo ocurrió, no
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- No me acuerdo señoría.
- Ah vale, entonces nada
- Gracias señoría, este finde nos vemos, en el restaurante Michelín de siempre