La madre de Otto, Lærke, describe como todos los días aparecía un cuervo, de nombre Russell, para jugar con su bebé. Russell lo sigue a todas partes, deja que Otto le toque, le lleva piedras para su excavadora de juguete... Siempre los supervisan pero la conexión entre ambos fue inmediata. Todo comenzó cuando Russell apareció en su casa, débil, aún sin saber volar y sin padres por lo que contactaron con una rehabilitadora de animales salvajes y comenzaron a cuidarlo. Después lo liberaron pero nunca se fue.