La guerra bacteriológica estalló hace dos años y nadie puede imaginar dónde se dará el próximo golpe. Las fronteras no se pueden cerrar completa e indefinidamente y los portadores de virus super contagiosos, como el nuevo patógeno modificado de una cepa de finnlakeviridae, no muestran signos de la enfermedad los primeros días. Los bacterroristas envían a personas inoculadas a una muerte segura pero en dos semanas pueden contagiar a miles de personas, en un mes un millón. Cepas modificadas de tristromaviridae, de portogloboviridae y un largo etcétera, todas diseñadas en laboratorio. Es imposible luchar contra algo así. Y el problema es el contraataque en una espiral sin fin de enfermedades mortales.
(NdA.: Escrito en 2012, como idea para desarrollar. Cosa que nunca hice.)