Es urgente que se tomen medidas concretas para controlar y reducir el poder religioso, no solo del evangelismo, sino en general. El pasado fin de semana, el Estadio Metropolitano de Madrid se llenó de decenas de miles de personas convocadas por un macroevento evangélico. No fue un concierto ni un partido de fútbol: fue una concentración religiosa que transformó el templo del Atlético en un altar colectivo. Imágenes de fieles alzando las manos, coros de alabanza y predicadores prometiendo salvación resonaron en las gradas. Lo que a primera vista