Uno de los primeros negocios del multimillonario Warren Buffett, más allá de sus inversiones en la industria textil y las aseguradoras, fue la adquisición de unos grandes almacenes en Baltimore. En plena explosión de los centros comerciales, la compra parecía una excelente idea. Hoy, en cambio, la lección que extrajo de aquella historia es el ejemplo perfecto de cómo la IA se ha convertido en un gasto tan obligatorio como poco productivo para las empresas.