Las calles de Europa están comenzando a teñirse de un color inesperado que parece extraído de una película de ciencia ficción o de un laboratorio fotográfico antiguo. En los últimos meses, diversas ciudades de Dinamarca y Gran Bretaña han iniciado una transición tecnológica y visual sin precedentes al sustituir la tradicional iluminación blanca o amarillenta de sus farolas por una luz de color rojo intenso.